Estas cosas pienso en este 8M

Yo hoy no celebro mucho, la verdad.

Porque el 8 de marzo existe para reivindicar.

Y porque además, si llevas ya un tiempo por aquí conoces de sobra mi opinión sobre salarios, conciliaciones y techos de cristal varios.

Lo que igual no sabes es que, desde 1977, el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, y también, el de la Paz Internacional.

Y por eso hoy quiero hablar de la mujer en la guerra.

Y no solo en Ucrania, que está siendo terrible. También en los otros diez conflictos bélicos que existen actualmente en el mundo. Afganistán, Etiopía, Haití… son solo algunos de ellos.

Y en todos ellos, existen mujeres que, como ha ocurrido en todas las guerras a lo largo de la Historia, se han puesto al frente de los cuidados como enfermeras, voluntarias y personal sanitario. Otras mantienen vivas las maltrechas cadenas de producción que aún sobreviven en sus países, y por supuesto, su hogar. Y las menos, y en ocasiones de manera forzada, ocupan su lugar en los batallones y grupos de resistencia.

Y en medio de todo esto, la violencia del sistema patriarcal, que se multiplica hasta límites insospechados en la guerra, donde las mujeres y las niñas se convierten en campos de batalla.

Según Naciones Unidas, millones de mujeres se convierten en un instrumento de guerra con el que debilitar al adversario. Y con ese objetivo son violadas, secuestradas, asesinadas, incluso forzadas a parir o abortar como método de limpieza étnica.

La violencia doméstica también continúa golpeándolas, con más fuerza si cabe, tanto durante el conflicto como tras él. La identidad masculina patriarcal se tambalea al enfrentarse a la guerra y un recurso común para reforzarla es, paradójicamente, engendrar más violencia en el hogar.

Las consecuencias son claras y terribles para todas ellas. Estigmatización, exclusión social, aumento de la pobreza y auge de los matrimonios infantiles, la prostitución y la trata para las que se quedan. Desarraigo, pérdida del hogar, de familiares, de parte de su identidad, y también pobreza, para las que consiguen huir.

 

Y me pregunto: ¿Qué podemos hacer? Es tan abrumador todo...

Leyendo a Amaya Ascunce me topo con la respuesta: pensar en pequeño. Poner foco.

¿Y qué es pensar en pequeño para mí?

Creo que para empezar, informarme. Leer, averiguar qué hay realmente detrás de los titulares. Qué es lo que no nos cuentan.

La información es poder.

Y de esta forma, quizá lo que haga sea más eficaz.

Porque no podemos detener una guerra con indignación. Ojalá.

Este 8 de marzo me comprometo a no participar en la violencia. A cuidar y a potenciar a las mujeres con las que me topo cada día. A practicar la sororidad. En todas sus formas. En definitiva, a sembrar paz.

Si has llegado hasta aquí, gracias por leerme.

A mí también me gustará saber cómo vives tú el 8M, y te invito a que lo hagas escribiéndome por aquí o en Instagram.

 

Naiara Oliver
Fundadora de Piel de Artemisa

 

*Fotografía de Jesús Abad Colorado

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